Mientras la baja productividad sigue siendo una de las principales debilidades del sector productivo, una adecuada nutrición del suelo y de las plantaciones permitiría duplicar y hasta triplicar los actuales rendimientos promedio de varios cultivos.

Un análisis de suelo para determinar los requerimientos específicos de cada uno bastaría para garantizar una nutrición adecuada y con ello el incremento de los rendimientos.

Sin embargo, los pequeños y medianos agricultores —que son la mayoría en el país— no tienen acceso a la tecnología y ni al proceso de aprendizaje que requiere este cambio. De los 261,321 productores que registró el Cuarto Censo Nacional Agropecuario (Cenagro, 2011) se calcula que solo el tres por ciento, es decir unos 7,840 realiza estudios de suelo.

“Eso significa que la mayoría hace aportaciones de manera muy general y no de acuerdo a las necesidades del cultivo ni en las diferentes etapas de desarrollo de la planta. Porque no es solamente la cantidad de fertilizante, sino también el momento adecuado para hacer la aplicación”, detalla David Argüello, gerente de ventas de Ramac.

No está al alcance

Para el presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG), Manuel Morales, en “este momento” en Nicaragua no está al alcance de ningún pequeño productor hacer análisis de suelo. Los costos son muy altos y además, en el país solo existen dos laboratorios en donde pueden realizarse.

“Ningún pequeño productor tiene recursos para llevar, porque no es solo una muestra sino tres, cuatro o cinco muestras por parcela y eso significa entre doscientos o trescientos dólares que ellos no tienen”, asegura Morales y añade que cuando en el país los laboratorios están saturados se tienen que enviar las muestras a laboratorios de países vecinos con los que se han establecido alianzas.

Pero más que la falta de acceso y recursos para realizar los análisis de suelo, Carlos Zelaya, investigador del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), considera que también falta conocimiento y disposición para adoptar estas tecnologías.

Según Zelaya, a través de un programa con pequeños productores de la UNAG han podido demostrar que la inversión de 35 dólares en el pago del análisis de una muestra de suelo, puede generar el ahorro de hasta cuatro quintales de abono. Esto se logra cuando las aplicaciones se realizan tal como lo indican los técnicos con base en los resultados del análisis.

Es inversión rentable

“El problema es que la gente cree que son muy caros y que eso es un gasto del que realmente no ven resultados. Porque otro problema es que el laboratorio entrega los resultados y muchos productores no lo saben interpretar, entonces no ven ningún resultado”, dice Zelaya.

Pero ya sea por falta de acceso o de conocimiento, se hacen muy pocos análisis de suelo en el país y eso se reflejó en los resultados de un estudio realizado por Ramac, donde tras analizar 2,600 muestras de suelo de diversas zonas del país, se determinó que los pequeños y medianos productores no aportan el fertilizante o nutrientes que la planta necesita para garantizar una producción adecuada.

También se confirmó que los suelos carecen de ciertos elementos fundamentales que la planta requiere para desarrollarse y expresar su potencial en rendimiento. La erosión, el avance de la frontera agrícola, el despale y los efectos del cambio climáticos, junto al deficiente aporte de materia orgánica, son algunos de los factores que le restan nutrientes al suelo.

“Uno de los hallazgos importantes del estudio fue que los suelos están carentes de materia orgánica que garantiza la absorción de elementos como el nitrógeno, fósforo y potasio”, dice Argüello.

Debe haber balance

Y añade que “obviamente a partir de esto también se determinó que hay elementos que se encuentran en cantidades menores a las requeridas y otros que superan las necesidades. Y una planta bien nutrida solo es la que responde a un balance en la nutrición. Nada debe faltar ni sobrar”, sostiene Argüello.

Dada la relevancia que el resultado de un análisis de suelo tiene en el rendimiento de los cultivos, con base en los resultados de los análisis Ramac diseñó una línea de productos y cartillas de manejo que están siendo utilizadas por unos 35 mil productores de granos básicos y café.

Actualmente el rendimiento promedio nacional del frijol es de unos 12 quintales por manzana y este grupo de productores lo ha elevado a entre 32 y 35 quintales por manzana. En maíz, que tiene un rendimiento promedio nacional de 23 quintales por manzana lo han elevado a entre ochenta y noventa quintales por manzana. Y en café, cuyo rendimiento de 12 quintales por manzana lo han elevado a entre 35 y cuarenta quintales por manzana.

Por su parte la UNAG en alianza con Catholic Relief Services (CRS) desarrolla un programa de capacitación a técnicos para que realicen procesos de evaluación visual del suelo. “Esto permitirá determinar, aunque de manera aproximada y no exacta como lo haría un laboratorio, la situación de cada suelo. Luego, con base en esa evaluación se determinará el manejo nutricional del cultivo”, dice Morales.

Dicha capacitación, según Zelaya, es complementaria a los esfuerzos que se realizan para que los productores que han comenzado a incluir los análisis de suelo entre sus prácticas productivas, tengan a quién acudir para analizar los resultados que entrega el laboratorio y con base en ellos determinar las cantidades de nutrientes que aplicarán a sus cultivos.

Bajar carga química

Como parte de las orientaciones que se dan a los productores que realizan análisis de suelo, se está trabajando para reducir la “carga” de productos químicos que se aplican al suelo y a los cultivos.

“Se dice que dentro de diez o 15 años entre el 30 y 35 por ciento de los agroquímicos va a desaparecer porque están prohibidos o restringidos en los países. Entonces hemos comenzado a integrar la parte biológica y orgánica”, dice David Argüello, gerente de ventas de Ramac.

Añade que para la recuperación de la fertilidad del suelo usan muchos “microorganismos biológicos, que aportan materia orgánica al suelo. Pero también, en determinados momentos de la cosecha cuando no se puede correr el riesgo de dejar residuos se aplican productos orgánicos”.

El momento indicado

Los análisis de suelo se pueden realizar en cualquier época del año. Sin embargo, lo más recomendable es realizarlos entre febrero y marzo, cuando se ha sacado la cosecha, ya que se obtiene el nivel mínimo porque con la cosecha se han sacado todos los nutrientes. Además, en los meses posteriores los dos laboratorios que los hacen en el país están saturados de trabajo, explica Carlos Zelaya, investigador del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT). La toma de muestra es sencilla y la puede realizar cada productor en su parcela, es simplemente cumplir ciertos parámetros para garantizar la representatividad de la parcela.

Fuente: La Prensa